Un sigilo mutante cobra vida y paga las cuentas.
Mi trinchera que protege al enemigo, el escudo elevado al menos uno.
Ruido en el vacío absoluto, silencio de un
Cristo.
No rayes con tus creyones el blanco mural de este
silencio
No viertas la
fiesta de tu sol sobre el luto de mi luna
Pues aunque mi corazón no precisamente te odia…
Mi lengua no precisamente te ama.
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